domingo, 20 de septiembre de 2015

El Gato montés


Estamos en León a mediados de Septiembre ya está todo el
grano recogido, y ya está segada y recogida también la hierba de los prados de nuestra montaña. Los campos han quedado desnudos, y esa desnudez deja al alcance de nuestra vista todo lo que ocurre en el suelo de praderas y rastrojos.



En este terreno hay un “habitante” que está en la base de la pirámide alimenticia y sirve de alimento a varios animales: El Topillo.


Aunque son varios los depredadores de estos prolíficos animales hay especies que se aprovechan de ellos más que el resto. Aves como los Ratoneros y los Cernícalos, y mamíferos como los Gatos monteses y los Zorros, tienen en estas fechas basada su alimentación en estos roedores de los que consumen un buen número, ayudando así a su control y evitar que se conviertan en una plaga. La forma de capturarles y el estar en terreno abierto, nos permite disfrutar observando su maestría en la caza.



Pero en esta ocasión, la entrada vamos a dedicársela solamente al Felis silvestris, es decir al Gato montés. 


Como todos los felinos, este animal tiene un atractivo especial, y disfrutar observándole mientras caza no tiene precio. La combinación de su vista y de su oído, ambos súper desarrollados, así como su rapidez en el ataque, hacen que los topillos a pesar de ser también muy rápidos, tengan muy pocas posibilidades de salir airosos cuando han sido localizados por este soberbio animal.


Esta semana hemos pasado en León el primer temporal o ciclogénesis explosiva de la temporada. Todo el día anterior y la noche se los pasó lloviendo y con un vendaval considerable, pero a las 7:00 de la mañana se veían las estrellas, así que decidimos subir hasta la montaña para ver si veíamos algún Gato montés, y  al mismo tiempo ver si los Venados habían comenzado a moverse.
La noche debió de ser horrible y pronto empezamos a ver ratoneros posados en el suelo y en los postes tratando de secarse, como este pobre, que más que una “arrogante rapaz” parecía una pobre gallina.


No llovía pero hacía bastante aire y cuando nos dirigíamos a la zona elegida, de pronto vimos en un pequeño  valle una silueta inconfundible, un gran Gato estaba campeando. Busqué donde aparcar y volví sobre mis pasos, pero había desaparecido. 
El aire me daba fuerte de cara, y el agua caída por la noche hacía que el monte estuviese “blando” y se pudiese avanzar sin hacer ruido, así que tomé la ladera derecha y decidí subir valle arriba y ver si se destapaba. Había un cambio de nivel a unos cuantos metros, y cuando di vista al resto del valle allí estaba el Gato a apenas 30 metros de mí.


Cuando salí del coche pensé que el Gato no se habría movido y como había visto donde apoyarme no lleve más que la cámara. Ahora cuando estaba tumbado de costado en la ladera tratando de enfocarle a pulso con el tele me acordé del trípode, del monopie, y de…….varias cosas más.
Perdí de sacar unas fotos de calidad, aunque tomé alguna representativa y pase un rato observándole sin que me viera.


Después y aprovechando que el Gato estaba de espaldas intente moverme, pues me estaba mojando y quería buscar una posición algo mejor donde pudiera apoyarme, pero a pesar del aire me debió de oír o de ver, y como es natural salió corriendo.



El día no había hecho más que empezar así que seguimos buscando y pronto vimos otro gato. Esté estaba bastante lejos, así que decidimos esperarle a ver si se destapaba más y se acercaba.


Tuvimos suerte y esta vez la Gata, una preciosidad, nos entretuvo un buen rato permitiéndonos tomar unas cuantas fotos y algún vídeo mientras campeaba buscando topillos, unas veces más cerca y otras más lejos de nosotros pero siempre a la vista.











Andaba un poquito y se echaba o se sentaba a escuchar, volvía a andar y repetía la operación, y así hasta que localizaba la presa.



La vimos capturar topillos, y fallar uno que la debió de mosquear, pues a continuación se fue al monte y se sentó bajo un árbol a esperar que se la pasase el cabreo.




Aprovechamos el momento para irnos sin molestarla, y cambiamos de zona para ver si los venados se movían. Vimos varias hembras pero ningún macho, lo que quiere decir que aún no han empezado a berrar, pero es cuestión de días que lo hagan, mientras, esta hembra nos dejó fotografiarla a placer moviendo las orejas como si fuesen un radar para localizar a la “ametralladora” que no conseguía ver.



En fin una buena mañana, pues vimos tres Gatos monteses y nos volvimos para casa con un montón de fotos, y lo que es mejor con la satisfacción de haber visto en acción a estos formidables felinos.


 Espero que os haya gustado. Hasta la próxima.   


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