jueves, 22 de noviembre de 2018

Cazando topillos


  
Decía en la entrada anterior que iba a compartir algunas de esas situaciones que
surgen cuando estás en el campo y nos hacen pasar momentos inolvidables, y ésta que os cuento hoy es una de ellas.

Ocurrió a mediados de Septiembre del año pasado, yo había subido con un amigo a hacer una pequeña ruta en coche por la montaña, y ya casi al atardecer nos dirigimos a unos prados  rodeados de hayedo y escobales, que a veces suelen frecuentar algunos de los animales de la zona.


Cuando nos aproximamos vimos a un zorro campeando a la busca de topillos, y nos quedamos observándole unos minutos, después dejamos el coche y nos aproximamos por la pista dando vista a la zona del prado donde estaba el zorro. Yo decidí quedarme en la pista observando mientras él le entraba, y desde allí pude ver como el zorro seguía a lo suyo, mientras mi amigo relativamente cerca de él, le iba tomando fotos hasta que el animal llego al final del prado y cruzo el arroyo que lo bordeaba para adentrarse en el monte.

Mientras yo estaba mirando llego un ganadero que tenía las vacas en los prados en que estábamos, y le comenté lo que estábamos haciendo y que desde luego el comportamiento del zorro no era normal, pues debería haber salido huyendo hacía rato. Él  me confirmó lo que yo pensaba, pues me dijo que últimamente el zorro estaba casi todos los días por allí al atardecer cazando ratones, y que no se marchaba cuando le veía


Hacía años en Andalucía, en la sierra de Cazorla, había tenido una experiencia parecida, cuando un zorrillo salió a la pista por donde circulábamos y se paró delante del coche. Cuando bajamos no se asusto, todo lo contrario, llego a comer de la mano de mi hijo uno de nuestros bocadillos, pero en aquella ocasión el guarda que nos acompañaba nos dijo que sus compañeros le habían comentado que tenían acostumbrado a un zorro a salir a la pista cuando oía el coche, pues desde jovencito siempre le daban algo de comer.


Pero éste no era el mismo caso que habíamos vivido en Cazorla, por la razón que fuese este zorro no desconfiaba del hombre, y me propuse comprobarlo en cuanto pudiese, así que unos días después volví con Mary a la zona donde le habíamos visto, dejamos el coche y rápidamente le localizamos, allí estaba con su labor a la búsqueda de topillos.


Mientras Mary quedó observando desde la pista, fui acercándome poco a poco a él, tomando algunas fotos y comprobando que como había supuesto  el animal no recelaba de mí.


El caso es que agachándome, sentándome y arrastrándome por el suelo "la hice" unas cuantas fotos, pues aunque ya me lo había parecido de lejos, una vez cerca pude comprobar que se trataba de una joven hembra.

 

La primera anécdota surgió cuando después de un buen rato "campeando" junto a ella, y aprovechando que se había sentado prácticamente a mi lado, me senté también y me puse a comer unas galletas que llevaba en el bolso, entonces se me ocurrió ofrecerle una, ella me miró con curiosidad, pero obviamente no se acerco a cogerla por lo que se la tiré a su lado, y ante mi sorpresa después de olerla un buen rato se la comió.



Estaba claro que la zorrina no recelaba, y solo se asustó un poco cuando se acercó demasiado a una vaca que no se mostró tan amigable como yo. La vaca persiguió a la zorrina hasta que ésta cruzó el arroyo y se metió en el monte.


Yo me acerqué al sitio por donde se había cruzado y al momento volvió a aparecer, lo que me sirvió para comprobar su agilidad, ya que como su idea era seguir cazando topillos, se acercó al arroyo y sin tomar carrera saltó sus casi tres metros de anchura sin mojarse ni las uñas para volver a entrar a la pradera.

 


Después siguió con el lento campeo en busca de la cena, y yo acompañándola a unos pocos metros de ella, respetando sus acechos, cuando ella se paraba a escuchar, y disfrutando viéndola dar esos espectaculares saltos cuando intentaba capturar a un topillo.

Pero además de verlo también quería fotografiar todo ese proceso de la caza, que es prácticamente igual al empleado por los Gatos monteses, así que me separe un poco de ella para intentar captar alguna secuencia completa mientras seguía acompañándola a lo largo del prado.

No tardo prácticamente nada en localizar a un nuevo "bocado", y me brindó la primera ocasión de captar la escena completa.






Durante más de 45 minutos disfruté viéndola recechar, acechar, fallar, capturar y saborear topillos. La verdad es que viendo a estos pequeñines da un poco de pena ver como se los comen, pero.....La Naturaleza es perfecta y gracias a ellos un buen número de depredadores consiguen unas reservas vitales para pasar el invierno. Ellos compensan tantas bajas con esa reproducción exagerada, que hace que se conviertan en plaga cuando faltan los depredadores que los controlan.


Cuando por la noche en casa vi las fotos, le comenté a Mary que el domingo comenzaban con las batidas al jabalí y a saber que sería de la zorrina, por lo que debíamos volver al día siguiente para verla y aprovechar su confianza para tomar alguna foto mas. Así lo hicimos y allí apareció puntual a la cita, y otra vez durante casi media hora la acompañé por el prado, disfrutando de su habilidad para procurarse el sustento.







No siempre había "relamida" después del salto, aunque el porcentaje de fallos no era muy alto alguno tuvo, y cuando eso ocurría ni siquiera se paraba a mirar "el agujero" por donde se le había escurrido el bocado, simplemente seguía con el campeo a la búsqueda del siguiente.





Finalmente y habiendo conseguido las fotos que queríamos dimos por terminada la tarde, y nos fuimos para casa deseándola mucha suerte.

La zorrina me regalo dos días inolvidables, en los que además conseguí unas fotos que siempre quise tener de un zorro.



A la semana siguiente volvimos a pasar por allí pero ya no la vimos. De todas formas esta zorrina tiene la suerte de vivir en una zona donde animales y cazadores siempre están controlados por los guardas, y ellos nos dijeron que no la habían visto, así que seguramente cambiase de sitio, pues al ritmo que llevaba allí no la quedarían mucha comida.

Los zorros siempre han sido uno de mis animales favoritos, y ya les dediqué una entrada en el blog hace tiempo: "Maese zorro", gracias a ellos he pasado muchos buenos momentos, pero también muchos malos cuando los he visto desaparecer al ser injustamente perseguidos y masacrados.


Ojala que algún día, antes de que sean exterminados,  los que pueden protegerlos se den cuenta de lo importantísimos que son estos animales para el control de plagas de roedores, sean ratones o conejos, y puedan conseguir el mismo estatus de protección que tienen sus parientes felinos.

Y esto ha sido todo, espero que os haya gustado y hasta la próxima.

6 comentarios:

  1. ¡Como no podía ser menos! precioso reportaje y preciosas fotos. Unos momentos vividos de extraordinaria belleza. Mis felicitaciones Victor por tan extraordinario relato y reportaje.
    El relato contado y las fotos de tu hijo dando de comer en la mano a un zorro, también lo viví hace años en Cazorla en el hotelito rural del Paraíso de Bujaraiza.
    Un abrazo amigo

    ResponderEliminar
  2. Víctor preciosa la narrativa pero más preciosas las fotografías te felicito, un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Fantástico el reportaje, tanto en las buenas fotos como en el redactado de esa experiencia ¡gracias por compartirlo!
    Un abrazo.

    ResponderEliminar